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ERRAR-E

errar-e: de los recorridos erráticos y los tránsitos (2005-2008)

 

Caminos y recorridos de alta montaña, por el Pirineo central, casi siempre en altitudes superiores a los 2.000 metros, realizados desde el verano del 2005 hasta el verano del 2008. Itinerarios cortos, de un solo día, o largas travesías de varias etapas, caminadas día tras día, conservando la memoria errante del camino personal de cada jornada, en relación al conjunto de todo el viaje a pie, viaje definido por la extrañeza y el sentido de lo cotidiano, que la percepción realiza de modo natural. Imagen viva y latente, no sólo documento, sino también herramienta para entender el mundo.

El díptico: mis dos mundos, dos umbrales, una visión duplicada, dos fotografías de un lugar o dos lugares de un mismo recorrido, unidos por la misma vibración: el sonido de una jornada en el camino. La imagen, la articulación de dos instantes, las dos caras, las dos posibilidades de toda experiencia; dos fotografías con unas facultades descriptivas y evocadoras que sugieren significados nuevos al ser yuxtapuestas. Dos extractos dispares del mundo exterior físico que, al entrar en contacto, sufren un proceso de permutación y disolución, para convertirse en una realidad inédita, interna y poética; fusionándose en una visión única: la poesía de la experiencia y la poesía de la conciencia. En un acto de ordenación de lo visible, la unión de dos imágenes del mundo exterior se transforma en una imagen del mundo interior. Es allí, en el trasfondo de los paisajes ordinarios, donde permanecen agazapados al anverso, la cara oculta, el otro, lo desconocido, creando un universo paralelo, en parte similar y, en cierto modo, autónomo. Es el tránsito de quien ronda la niebla; una melodía, evocando un estado o un lugar de excepcional intensidad y belleza. La utopía de un hito, una señal puesta en el corazón de un mapa, para no olvidar la localización de un lugar una vez amado. Cartografía de papel, una recapitulación poética y vital que se caracteriza por la belleza del decir. Es la vida contemplada desde la conciencia de una luz; una situación cotidiana que, de repente, adquiere una dimensión trascendente. Pero la lectura de una intimidad, quizá sea sólo posible desde otra intimidad.

 

“Cuando el andariego se encuentra a cierta distancia de la piedra, recibe su llamada silenciosa, como si oyera su soñar. Camina hasta ella y se planta enfrente: se produce un impacto de vaivén entre ambos. La piedra despierta de su letargo, de su sueño eterno, se ve de repente sorprendida por la presencia que la contempla. Como poniéndose en guardia, com-poniéndose ante el caminante, se presenta: toma presencia. Es un saludo mutuo, un reconocimiento de centro a centro. El hito encarna el genius loci y comunica al visitante respetuoso este espíritu. También la piedra recibe el aliento y la conciencia del hombre. Se produce una osmosis entre los dos; ahora son, a la vez, el que contempla y el que es contemplado: puro eco, pura resonancia. Los pies del andariego se acomodan a la tierra, buscando el punto justo de confluencia entre los dos campos energéticos; el punto de tangencia entre los dos círculos sutiles. Las dos ruedas empiezan a girar, los dos espacios se leen mutuamente. El fotógrafo se acerca la cámara y encuadra: dispara como si guiñara el tercer ojo. El espacio del hito se relaja. La piedra vuelve a sumirse de nuevo en su tiempo infinito. El andariego se aleja, caminando suavemente; su rostro plácido atestigua la vivencia de un momento de belleza: tiene grabada la impresión de este con-tacto, ya para siempre.”

 

Lydia de Casademunt. Portella de Morenç 2.381 m. Parc Natural les Capçaleres del Ter i del Freser 18/10/2008